Una refrescante ruta por las mejores horchatas de Valencia

Arrugada, feúcha incluso, la chufa es tan humilde que en muchos lugares la consideran una mala hierba, pero en Valencia han elevado su pequeño tubérculo a la categoría de manjar, porque con ella elaboran una de las bebidas más sabrosas del mundo, la horchata.
Eso sí, no todas son iguales. Líquidas o granizadas, las hay que sirven para saciar la sed y otras con un sabor tan delicado que si las pruebas no querrás otra cosa. Si quieres saber cuáles son, acompáñanos en este refrescante recorrido por las mejores horchatas de Valencia.
Viendo estos campos brillantes que rodean Alboraya, Almàssera, Dalmacer, Tavernes Blanques… y la propia capital valenciana, hasta 300 hectáreas en 16 municipios productores, nadie diría que bajo las afiladas hojas verdes se esconde un fruto tan deseado.
Es de color cremoso, y contiene más grasa que las chufas que se cultivan en el continente africano, en Kenia o Níger. Las que nacen en esta región son la mejor materia prima posible, por eso están incluidas en la Denominación de Origen Chufa de Valencia.
Aquí, al aire libre, envueltos por el mismo viento tranquilo que seca las chufas en otoño, es donde mejor sabe la primera horchata, como recién salida de la tierra.
En el Sequer lo Blanch –SQLB-, José Belloch sigue escrupulosamente la tradición de varias generaciones de su familia, propietarias de tierras desde los tiempos de Jaime I, a quien ayudaron en la Reconquista. ‘Yo he ido con mi padre y mi abuelo a vender a la Lonja de Valencia, un día a la semana se llenaba de frutos secos’.
Estamos en la zona que antiguamente se conocía como Rafel Tarrás, pero entonces era todo marjal, terreno anegado que los agricultores secaron con paciencia, arena y estiércol hasta convertirlo en tierra fértil. A la entrada de esta horchatería, la única de la huerta, una gran palmera sobrepasa largamente el siglo de altura: ‘la plantó mi tío-abuelo cuando se fue a la guerra de Cuba, por si no volvía’.
En la planta superior del sequer, la cambra –cámara- de ventanas abiertas, donde Josep remueve con cuidado los millones de chufas, para que el secado sea óptimo. ‘Las hay llarguetas y armelás, larguitas y almendradas’, nos explica.
Justo debajo, la horchatería, un local nuevo de decoración refrescante en el que sirve horchata con fartóns caseros o con rosquilletas artesanales de aceite de oliva, ‘que potencian el sabor de la horchata y sirven para mojar pero son menos dulces’.
Es un lugar especialmente apropiado para familias con niños, porque organizan divertidas catas de horchata, porque junto a la terraza hay un pequeño parque infantil, y por la colorida sorpresa que esconden los aseos, adaptados para todos los tamaños.
Es, además, una de las paradas de la ruta ‘de la chufa a la horchata’, que organiza cada viernes de mayo a septiembre la empresa Horta Viva. Una ruta que se puede comprar directamente desde la web de Turismo de Valencia.
Ahora, en verano, sales a la huerta y ves los campos verdes por todas partes, salpicados de casitas blancas, las alquerías. Pero es interesante en cualquier momento del año. De noviembre a enero, dependiendo de las lluvias que haya traído la temporada, se queman los campos, y luego se arrancan las chufas de la tierra.

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