La cebolla es históricamente una de las plantas más cultivadas. Con origen en Asia Central e introducida en Europa por los griegos y romanos. Los gladiadores y legionarios elaboraban una mezcla alimenticia, de la que luego derivo la salsa provenzal, con una mezcla de ajo, cebolla y aceite de oliva con posibles añadidos de laurel, perejil, albahaca, romero.
Del genero Allium, es un bulbo formado por sucesivas capas de hojas que al cortar rompemos sus células, sus aminoácidos con grupos sulfuro que contactan con unas enzimas específicas
y se produce sulfóxido de tiopropanal, una sustancia irritante que nos hace saltar las lágrimas y que tiene como objetivo la defensa frente a depredadores.
Posee una potente acción contra el reumatismo, similar al ajo (de la misma familia). Es un potente reductor del ácido úrico (enfermedad de la gota, que afecta a los riñones), valido contra las infecciones y mejora del sistema urinario.
La cebolla ayuda a prevenir la osteoporosis, gracias a su alto contenido en quercetina, que a su vez protege al sistema cardiovascular.
Rica en fósforo, “facilitando” el trabajo intelectual.
Silicio, el cual mejora la elasticidad para las arterias y la fijación del calcio en los huesos, cuenta con las vitaminas A, B, C, azufre, hierro, yodo, el potasio, y dosis moderadas de sodio.
El otro componente de nuestra coqueta de hoy en la sepia y su tinta.
- Cebolla
- Sepia
- Tinta de sepia
- Aceite, sal y perejil.
Lavamos y cortamos la cebolla, ponemos a pochar al vapor, cuando alcance su característico tono acaramelado vertemos la tinta sobre la cebolla y dejamos que continúe pochando unos minutos más.
Con la sepia procedemos a su limpieza y cocinamos al vapor, cuando esta alcance su punto óptimo de cocción, retiraremos y trocearemos en forma y tamaño que deseemos.
Con el aceite y el perejil elaboramos una salsa que verteremos sobre la sepia troceada y dispuesta en lo alto de la coqueta sobre la cebolla impregnada de tinta de sepia.
¡¡Y a disfrutar el paladar!!